Me conoció en una salida a terreno
viendo como sacaba malas fotos para un diario mural.
La conocí en un bar bastante recurrido
y quedamos en salir.
Gloria pensaba que yo era un intelectual de tomo y lomo,
sentía al hablar conmigo lo culto que no era.
Sin saber el triste y pesimista ser que encarnaba.
Gloria era una mujer plena, experta en su disciplina
y no temía ocultar su felicidad.
Prontamente se arriesgó a besarme, por mi cabeza
sólo pasaban los problemas que me aquejaban.
Por su cabeza la idea del compromiso instaurada.
Horas después
de regar constantemente mi cabeza con cerveza.
Floreció mi super yo; no podía estar más feliz,
había olvidado todas aquellas preocupaciones cotidianas...
las financieras y amorosas (una mujer acotada a la trascendencia).
Rápidamente empecé a divagar. Para Gloria esto era vulgar.
A mi no me importaba e insistí en mi vaso rebalsar.
Paulatinamente la pena en su rostro aparecía
contrastando mi alegría poco habitual.
Me acerqué a ella y le dije: mujer, somos inversamente proporcional..
Ella se paró y se fue...
Yo pedí otra cerveza y atiné a sentarme
sin pena ni Gloria....
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