Con la poca dignidad que me queda
me despido estrepitosamente,
no apresurado ni menos pausado.
Y es que el tiempo no pasa por mi.
Con la poca dignidad que me queda
daré mi último suspiro
antes de romper las murallas de mi embalse
esperando el día que despierte en el mar.
Con la poca dignidad que me queda
creeré en dios por un momento
para culparlo de todos mis males
y lo asesinaré por despecho.
Con la poca dignidad que me queda
pagaré el precio de la felicidad
y pasaré el equivalente de tiempo
sumido en la oscuridad.
Con la poca dignidad que me queda
diré que estoy bien
sólo para ver tu cara de consuelo
al no tener que pensar en los demás
Con la poca dignidad que me queda
te veré a través de un caleidoscopio,
para mantener distancia
y no creer lo que mis ojos ven.
Con la poca dignidad que me queda
esperaré la señal inexistente
al lector curioso,
el amor que perdí.